Una semana después del Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto, corresponde reconocer lo alcanzado, pero también aprovechar la experiencia para preguntarnos cuál debe ser el próximo paso.
Los resultados hablan por sí solos: 3.2 millones de personas movilizadas y más de 12,500 empresas, instituciones públicas y centros educativos registrados. Alcanzar esta dimensión demuestra que la República Dominicana ha avanzado significativamente en la construcción de una cultura de prevención.
Por ello, felicito al director del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Edwin Olivares, a su equipo técnico, a los organismos de respuesta y a todas las instituciones públicas, privadas y educativas que hicieron posible el ejercicio.
Pero un simulacro de esta magnitud no debe terminar cuando las personas regresan a sus puestos de trabajo. Su verdadero valor comienza cuando analizamos lo ocurrido y convertimos las lecciones aprendidas en mejoras.
Una innovación que debemos seguir fortaleciendo
El ejercicio permitió también probar una herramienta de gran importancia para el país: el sistema de alerta masiva mediante teléfonos celulares, con el propósito de hacer llegar información de emergencia simultáneamente a una parte significativa de la población.
La prueba constituye un paso importante. También permite identificar aspectos que deben seguir perfeccionándose hasta alcanzar la mayor cobertura y efectividad posibles.
Ese es precisamente uno de los propósitos de un ejercicio: identificar las brechas en condiciones controladas antes de enfrentarlas durante una emergencia real.
La pregunta que dejó el simulacro
Durante el proceso de preparación hubo algo que llamó particularmente mi atención. Personas e instituciones preguntaban:
“¿Qué tenemos que hacer?”
Más que una crítica, considero que esa pregunta representa una de las principales lecciones que nos deja el ejercicio.
Ante una emergencia real no habrá tiempo para comenzar a definir quién dirige la evacuación, cuál es la ruta, dónde está el punto de encuentro o quién verifica que todas las personas hayan salido.
Todo eso debe existir previamente en un plan de emergencia conocido, practicado y actualizado.
Aquí debemos establecer una diferencia fundamental:
El simulacro no sustituye al plan de emergencia; el simulacro pone a prueba el plan.
Por eso, después de cinco años desarrollando exitosamente estos ejercicios nacionales, considero que estamos preparados para avanzar hacia una nueva etapa.
El próximo paso: medir capacidades
Hasta ahora uno de nuestros grandes indicadores ha sido la participación. Y movilizar 3.2 millones de personas constituye un logro extraordinario.
Pero debemos comenzar a preguntarnos también: ¿cómo evacuamos?, ¿cuánto tardamos?, ¿qué falló?, ¿qué debemos corregir y qué capacidad tienen nuestras instituciones para continuar funcionando después del impacto?
El próximo nivel debe incorporar indicadores de desempeño, evaluaciones posteriores al ejercicio y planes de mejora.
Así podremos pasar de medir principalmente participación a medir también capacidad de respuesta.
Profesionalizar la gestión del riesgo
Existe otro desafío impostergable: profesionalizar cada vez más la Gestión Integral del Riesgo de Desastres en la República Dominicana.
La complejidad de las amenazas actuales exige personal capacitado en planificación, reducción del riesgo, preparación, continuidad de operaciones, logística, manejo de información, coordinación interinstitucional y evaluación de ejercicios.
Tener rutas señalizadas, extintores o puntos de encuentro es necesario, pero no suficiente. Una institución está verdaderamente preparada cuando dispone de planes, responsabilidades claramente definidas, personal entrenado y capacidad para aprender de cada ejercicio.
El Estado dominicano está haciendo su parte. El sector privado se está incorporando. Las instituciones públicas y el sector educativo han demostrado una participación cada vez mayor.
Ahora debemos convertir esa participación en capacidad permanente.
El éxito del simulacro del 8 de septiembre no debe ser un punto de llegada. Debe convertirse en el punto de partida para una etapa más exigente de nuestra cultura de prevención.
Porque un terremoto no nos preguntará si estamos preparados.
El verdadero éxito llegará cuando, ante una alarma, no tengamos que preguntar qué hacer: simplemente sepamos qué hacer.
Por Joan Nicolás Martínez Herrera
La entrada Una semana después: del éxito del simulacro a una cultura permanente de preparación se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).