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Noticias Publicado el septiembre 17, 2026 por Redacción Baní News 🌐 Fuente: El Nuevo Diario

Subestimar al electorado: La práctica que ya está generando consecuencias políticas reales

Hay errores que se pagan caros. En la práctica política dominicana, uno de los más graves y repetidos, ha sido segmentar, separar y subestimar un renglón históricamente ignorado del electorado, relegando sus necesidades, menospreciando sus perspectivas y restando importancia al…

Hay errores que se pagan caros. En la práctica política dominicana, uno de los más graves y repetidos, ha sido segmentar, separar y subestimar un renglón históricamente ignorado del electorado, relegando sus necesidades, menospreciando sus perspectivas y restando importancia al nivel de incidencia que tendrían si decidieran involucrarse activamente en las elecciones.

Hemos visto como esta práctica histórica no solo debilita drásticamente la relación entre los partidos y la ciudadanía, sino que abre espacios a fenómenos políticos inesperados, impulsados más por la frustración social que por propuestas reales.

Podrá sonar a cliché, pero ese segmento del electorado está cambiando, y lo está haciendo porque, durante años sintió que no se le escuchaba, que no se le hablaba con claridad y que sus necesidades no se encontraban representadas. Hoy, ese grupo ha comprendido que tiene en sus manos la herramienta para hacer algo al respecto.

Ese vacío representativo —enfrentado desde la emoción— es el terreno donde germinan los tales actores ‘‘independientes’’.

Desconexión

Por años la política de nuestro país ha enfrentado señales de alerta, seguirlas ignorando es seguir repitiendo el error.

Primero, se evidencia una baja sostenida en la participación electoral. Cuando un ciudadano deja de confiar, deja de votar. La desconfianza nace de promesas débiles, de no se sentirse escuchado ni tomado en consideración, falta de sentido de pertenencia y surge un debilitamiento de la relación partidos-ciudadanía.

A esto se suman estrategias políticas que se repiten sin considerar todos los renglones sociales y que, cuando finalmente los incluyen, lo hacen respondiendo únicamente a una necesidad del momento, sin ofrecer soluciones reales a largo plazo. Todo esto deriva en la sensación de que no son tomados en serio.

Crisis de legitimidad

Según encuestas recientes, un gran porcentaje de dominicanos no se identifica con ningún partido. Cuando las estrategias electorales están más enfocadas en ganar que en escuchar, se pierde la armonía entre partido, propuesta, electorado y ese desbalance tiene un costo político alto.

A esto se suma un fenómeno que por años ha sido evidente pero poco discutido: los partidos mayoritarios, históricamente acomodados por su capacidad para ganar elecciones aun con baja participación, no han sentido la urgencia de atender a los segmentos ignorados del electorado. La lógica es simple: si igual se gana ¿para qué hacer cambios?

Pero esta comodidad tiene consecuencias. Cada ciclo electoral con menos votantes debilita poco a poco la calidad de nuestra democracia y erosiona la legitimidad del sistema.

La responsabilidad no solo debe recaer en los partidos grandes. Los partidos minoritarios son los grandes perdedores en la práctica de generar trabajo político real y propuestas solidas que incentiven la participación. Han terminado funcionando más como estructuras que sobreviven por el presupuesto que reciben de la Junta Central Electoral que como organizaciones comprometidas con ampliar la representación democrática.

Esta combinación de mayoritarios acomodados y minoritarios pasivos, profundiza la desconexión y alimenta aún más esa sensación de que ningún partido tradicional está verdaderamente interesado en ese electorado que hoy exige ser tomado en serio.

Este grupo del electorado —cada vez más grande— se siente huérfano de representación. Y quien no se siente representado dentro del sistema, busca representación fuera de él.

Aquí hay un punto crucial

Cuando los partidos políticos no logran conectar con ciertos segmentos de la población — sea por subestimación o por asumir que ‘‘no tienen los criterios para votar con conciencia’’— aparece un fenómeno que ya estamos viendo en el país: figuras que se autodenominan independientes, sin preparación técnica, sin propuestas claras, pero que, por este vacío de representación del sistema, pueden convertirse en fenómenos electorales.

No es necesario mencionar nombres, el patrón es evidente.

Renglones del electorado que sienten que no se ha gobernado para ellos, dejaron de identificarse con estructuras tradicionales, la frustración los lleva a buscar voces que puedan representar sus malestares y la narrativa se vuelve más atractiva que cualquier plan de gobierno.

Es aquí donde me atrevo a decir que este discurso populista y sin respuestas a problemáticas, logra conectar con un sector del electorado porque procura no subestimar, sino aprender cómo representar la voz de quienes han sido subestimados por todos.

Esta subestimación al electorado no solamente podríamos definirlo como un error estratégico; es una práctica que tiene consecuencias reales en la calidad de nuestra democracia. Lejos de desmotivar a la clase política tradicional, debe servir como un llamado urgente a la reflexión y al fortalecimiento del sistema.

Reconocer los segmentos históricamente ignorados, actualizar las estrategias en consecuencia, escuchar activamente, priorizar la preparación técnica y reconstruir la confianza con acciones reales y propuestas viables, son pasos indispensables para avanzar.

El electorado exige dejar de ser subestimado. Nos corresponde a nosotros transformar la forma en que lo miramos, lo escuchamos, y lo representamos, no para señalar culpables sino para dignificar la relación partidos-ciudadanía y aportar a la construcción de una política más consciente, más responsable y cercana a la gente.

Por: Noelia Maceo.

La entrada Subestimar al electorado: La práctica que ya está generando consecuencias políticas reales se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

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