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Opinión Publicado el septiembre 30, 2026 por Patricia Báez Martínez

Intercambios de disparos: Una política de Estado oral

Por Patricia Báez Martínez

Quien ha estudiado historia y comunicación, sabe que el devenir de la historia humana tuvo una transhumancia desde la tradición oral a la escrita, y que en la actualidad las dos cohabitan en una sociedad que las utiliza a ambas indistintamente, dependiendo de las necesidades e intereses de los grupos y de los individuos.

Las políticas de Estado son líneas de acción de las administraciones de gobierno que -por lo general- se plasman en planes, proyectos, informes, publicidad, etc. Y esas políticas algunas veces se cumplen como otras veces no se cumplen (basta comparar los programas de gobierno con las ejecutorias).

En los casos más extremos, existen políticas de Estado no escritas, que se ordenan con códigos y señas, como “(Fulanito/a) es un dolor de cabeza para mí”, “carta blanca” o el ahora popular “ponlo en 29”, o pasando el dedo índice de forma horizontal en derredor del cuello.

Son de Estado porque se ejecutan desde órganos del Estado y por funcionarios/empleados públicos, aunque no estén escritas, aunque no se puedan recibir honoris causa por ellas. Son políticas del Estado porque desde el Estado no se cuestiona a la institución que las ejecuta; todo en contrario, se apoya, o se hace un silencio cómplice.

Los intercambios de disparos, que por lo general no son tales sino ejecuciones extrajudiciales por parte de miembros de la Policía Nacional, son una política de Estado por otras razones más:

  1. No hay escena de los supuestos intercambios de disparos (los mismos policías levantan los cadáveres y los llevan al Inacif y cuentan su versión a través de un relacionista que se sabe el libreto a la perfección).
  2. No existe una investigación, todo queda allí, en que era un delincuente con fichas y había que quitarlo del medio o se lo merecía.
  3. Van en aumento con el apoyo del Gobierno y de los medios de comunicación que reciben publicidad del Gobierno, sin ningún tipo de cuestionamiento.
  4. El primer mandatario de la Nación los apoya, alegando que si los prófugos no se entregan, están expuestos a las balas de la Dicrim.  
  5. El Ministerio Público calla y trabaja tan en coordinación con la Policía Nacional que ya los fiscales parecen miembros de la Policía Nacional, son un solo cuerpo, ahora más que nunca.

Y no es que estamos en desacuerdo total con este método de limpieza social de los criminales de poca monta (pues hay otros de cuello y corbata que son socios/jefes de la Policía Nacional), sino que nos preocupa que al no existir una investigación, se puede caer muy fácilmente en la arbitrariedad y la injusticia, o se siga practicando el sicariato desde la Policía Nacional.

Hace unos meses decíamos que el nuestro es un ‘Estado policial’, y lo que está pasando actualmente lo confirma, lo que hoy vivimos como un incremento de supuestos intercambios de disparos, no es más que una expresión de esa condición, uno de los síntomas de una sociedad en la cual la Policía es el brazo ejecutor de una política de control social a través de un cuerpo armado.

¿A dónde iremos a parar?  Nadie se hace esta pregunta. Lo importante son las estadísticas semanales, las mensuales, las trimestrales… sin importar el devenir a mediano y largo plazo de una política de Estado que combate las consecuencias de los males sociales (hambre, pobreza, baja escolaridad, exclusión, proliferación de las drogas –legales e ilegales-) con balas.

Si al menos desde ese mismo Estado asesino se combatiera el narcotráfico, porque mientras la droga se normalice como se está normalizando en nuestra sociedad (desde las urbes hasta los campos más remotos), no se les puede pedir/exigir a los narcotraficantes y consumidores que sean hombres y mujeres de bien.

El cerezo no pare guayaba.

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