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Noticias Publicado el septiembre 14, 2026 por Redacción Baní News 🌐 Fuente: El Nuevo Diario

¿De cual educación hablamos?

Hace aproximadamente 15 años me encontraba visitando las oficinas de post grados y maestrías de una prestigiosa universidad dominicana. Ya teníamos más de 10 años siendo docente de varias asignaturas en distintas maestrías y post grados relacionadas con el mundo…

Hace aproximadamente 15 años me encontraba visitando las oficinas de post grados y maestrías de una prestigiosa universidad dominicana. Ya teníamos más de 10 años siendo docente de varias asignaturas en distintas maestrías y post grados relacionadas con el mundo de los negocios.

Recuerdo que en aquella ocasión al entrar a la oficina me encontré con el delegado oficial de una importante universidad europea radicada en Francia, y en ese momento recibía demostraciones de listados y calificaciones por parte del Coordinador General de las Maestrías. Y al mirar las calificaciones finales exclamo: “pero todos aquí son genios”.

La gran mayoría de los resultados de notas finales a reportar de esa materia, eran As, muy cocas Bs, una sola C y nadie reprobado.

Algo más cercano fue la experiencia que tuvimos hace un par de años al asistir a la graduación general de una de las más acreditadas universidades del país nacional e internacionalmente. También habíamos tenido experiencias en dicha universidad, como docente y como acompañante al desarrollo de investigaciones de grado.

En esta investidura, para sorpresa nuestra, en casi todas las propuestas de graduandos, se verificaba un porcentaje muy cercano al 40% de egresados cuyas calificaciones generales implicaban meritos extraordinarios. Suma, Magna, Cum laude, como si se tratara de un merito fácilmente alcanzable por un porcentaje importante de la población participante.

En esta experiencia docente al mas alto nivel académico, pude comprobar que la misma competitividad que se refleja entre recintos universitarios, lleva a la fábrica de títulos académicos, sobre todo en maestrías y post grados, donde lo que menos importa y menos caso se le hace es precisamente al rigor académico.

Parecería, que con la fiebre de tener maestrías, ahora me digo, no se para que, las entidades gubernamentales y muchas empresas privadas, incluyeron en sus beneficios a empleados, el becar a sus empleados en estos fines académicos, y los mismos, en su gran mayoría, fueron tratados no como estudiantes que requieren aprender y a base de una excelencia en el rigor académico, vencer los obstáculos que le retan para lograr el conocimiento. No, lo vivido, lo que se proyecta y es fácilmente detectable, es que por esa competitividad, por ese dominio de mercado, la masa crítica de estos participantes, sean tratados como clientes.

¿Pero qué significa ser tratados como clientes?, ¿Qué significa ser tratados como reales estudiantes que buscan la verdad y el conocimiento?.

Son dos paradigmas encontrados en esta fase de la educación superior. Uno totalmente mercantilista, donde importa un bledo si la persona aprende, y ahí sale su titulo hasta con honores. Y el otro con un rigor académico que echa por tierra la pretensión de calificaciones en A, para poder lograr la beca institucional completa.

Este desastre académico, no es un invento, es una realidad vivida y comprobada en varias universidades importantes del país.

Pero no solo es un tema de negocios con el “cliente externo”, también con el cliente interno.

Recuerdo que en una ocasión nos toco facilitar el proceso formativo de una materia relacionada con gestión y estrategia de negocios y en este grupo participaban 4 estudiantes que a la vez eran profesores de grado de la misma universidad.

Para sorpresa nuestra, no intentaron “dar el ejemplo” siendo buenos estudiantes, frente a otros que no tenían la responsabilidad docente, mostraron las garras de las “mañas” del poder, a la que no accedimos sin méritos logrados.

El grupo merecía ser reprobado, o al menos pasar la materia con la más baja puntuación posible. Y ahí estuvo el dilema, la confrontación y la presión recibida. Pero queremos una sociedad apegada a valores y a la ética, pero intentamos hacer trampa desde el mismo corazón formador de generaciones.

Una demostración clara, de que poco importa, si el participante aprende o no, lo importante es graduar cuanto antes a la gran mayoría de estudiantes posibles. Así somos líderes del mercado.

Ni si quiera es competencia desleal, lo veo más como marketing salvaje aplicado de manera subliminal al interés mercurial, no al interés puro y noble del rigor académico.

Pero hay mas, un porcentaje importante de estudiantes en este nivel, sobre todo por ese mismo paradigma que admite a todos y no filtra, con los mismísimos problemas de lectoescritura, incapaces de formar un juico critico o propio, incapaces de realizar pequeños ensayos. Así llegan muchos a los estudios superiores en tierra de Machepa.

Imagino lo que ahora nos espera con la herramienta de la IA suelta y formando profesionales, escritores, músicos, poetas, novelistas, ensayistas, médicos, y hasta agentes del orden, sin dedicar un minuto al aprendizaje o crear los hábitos básicos para lograr alcanzar la verdad y el conocimiento.

Entonces nos preguntamos claramente. ¿De cuál educación hablamos?. ¿Es solo un tema de lectoescritura o matemáticas?

Recuerdo otra experiencia, nos tocó un grupo que tenía ya la última materia, todos próximos a graduarse de ingenieros industriales. Y recuerdo que tome una tiza y escribí en la pizarra: raíz séptima de 148, e invite al curso a realizar el cálculo, la respuesta fue contundente, ¡nadie fue a la pizarra.

Claro algunos segundos después alzaron la voz y dieron la respuesta, usaron su calculadora científica. Pero yo le pregunto a usted: ¿Dónde queda el conocimiento”.

Ciertamente las herramientas y la tecnología son validas, pero primero se necesita lo fundamental, lo insustituible, esa capacidad de aprender a aprender, desarrollar los hábitos y disciplinas que llevan a la persona al conocimiento, al desarrollo del pensamiento crítico, y al poder establecer finalmente, un criterio propio frente a las problemáticas y aplicaciones de la vida.

Teniendo todo esto presente hemos propuesto públicamente, alinear la estrategia educativa del país, e integrar bajo el mismo presupuesto del mal usado 4%: la educación básica, la educación superior, la educación técnica y la educación tecnológica. Es decir, la Minerd, la Mescyt, el Infotep y el ITLAS.

Con esto se lograría, eficientizar el uso del 4%, liberar recursos de presupuestos independientes, para atender otras prioridades o reforzar áreas como la salud y el deporte.

Por Julián Padilla

La entrada ¿De cual educación hablamos? se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

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