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Noticias Publicado el septiembre 10, 2026 por Redacción Baní News 🌐 Fuente: El Nuevo Diario

El impacto de la palabra en la sociedad

Los ciudadanos que utilizan los medios de comunicación, sean estos simples, complejos o masivos, deben comprender que la palabra tiene un impacto profundo en la sociedad, porque moldea la realidad, manipula emociones y transforma relaciones. En tal sentido, el utiliza…

Los ciudadanos que utilizan los medios de comunicación, sean estos simples, complejos o masivos, deben comprender que la palabra tiene un impacto profundo en la sociedad, porque moldea la realidad, manipula emociones y transforma relaciones. En tal sentido, el utiliza la palabra para opinar, debe tener en cuenta su responsabilidad particular en la construcción de la verdad que se construye a través de sus argumentos.

Una conversación entre personas que conviven en el trabajo o en la sociedad, un profesor en un salón de clase trabajando pedagogía puede favorecer el pensamiento o al mismo tiempo puede manipularlo de acuerdo a su currículo oculto. Asimismo, un comunicador, un político, un predicador religioso o un manejador de redes que tenga influencia social, todos ellos sin excepciones, tienen el poder de cambiar la verdad que otros han construido (en justicia objetivo o en interés particular), de cualquier acontecimiento y, lo pueden hacer con sus palabras, a través de sus gesticulaciones y ademanes.

Lo que afirmamos en el párrafo anterior, trata una realidad concreta, porque la palabra influye en la percepción de nosotros mismos y en la de los demás.

¡Tantas veces el emisor dice y repite una mentira, que hasta él termina creyéndola!

Se trata de un hecho comprobado, las palabras pueden ser herramientas para el diálogo, para la paz y la comprensión, pero, también pueden ser fuente de división, porque se pueden convertir en provocadoras eficaces de estrés y en de torrentes de violencia pública cuando el discurso se utiliza para crear pesimismo y negatividad.

El poder de la palabra se manifiesta en su capacidad para motivar, pero, también para desmotivar y deconstruir esperanzas. Por eso, el uso de la palabra debe ser una cuestión razonada, alejada de la emotividad.

Con la palabra se puede construir confianza en todo el sentido de la palabra, pero, también se pueden establecer estereotipos capaces de dañar momentáneamente a las personas con las que se convive en el contexto social.

Por lo antes dicho, debemos hacer conciencia de que los impactos positivos de la palabra fortalecen las relaciones interpersonales, porque revitalizan el dialogo, dinamizando el intercambio de ideas, fortaleciendo la confianza y fortificando la comprensión entre las partes.

La palabra debe ser utilizada para construir nunca para destruir. Cuando lo hacemos de esa forma, alimentamos un proceso de mejora para la salud mental, porque las palabras positivas aminoran las preocupaciones, alivian el estrés, promueven la resiliencia y, sobre todo, ayudan a reinterpretar las experiencias conflictivas, aquellas que marcan a los actores, convirtiéndose en difíciles de disipar. Y, es de esa manera, porque la palabra posee poder de persuasión, porque es capaz de motivar y guiar a otras personas, retroalimentándola en forma constructiva y, también sirviéndole (cuando ese sea su propósito), para fragmentar tareas en procura de alcanzar mayor productividad y eficacia en su quehacer.

Nada es más eficaz que la palabra, para ofrecer brechas de oportunidades, porque ella va permitiendo una comunicación transparente que puede ayudar a las personas en la comprensión de lo que escucha, para que lo asuma y tome de ella lo que crea que cabe en sus propósitos particulares, porque el uso de la palabra nunca debe procurar imponer criterios o manipular al receptor. Enfatizar en esto último, es de suma importancia para el crecimiento del pensamiento crítico, porque el poder de la palabra puede ser utilizado en forma negativa, generando estrés y, de esa manera afectar el clima de colaboración e incluso, puede entorpecer la creatividad de las personas.

Reconocer que el poder de la palabra es grande e impacta en diferentes formas, porque se tiene conciencia de que no siempre es positiva, sabiendo que las palabras negativas pueden llegar a la provocación, a incidir en el uso de la fuerza física para causar dolor, dañando conexiones sociales y provocando aislamientos innecesarios para el bien común.

En ese mismo camino de consecuencias negativas a causa de la palabra, encontramos las etiquetas y las descripciones que pueden limitar a los individuos, entrampándolos entre descripciones que limitan, encasillan y crean una visión muy simple de la identidad, o simplemente construyen una caricatura del carácter. El lenguaje despectivo, la burla y la violencia verbal, son también demostraciones del uso negativo del poder de la palabra.

Hemos visto lo poderosa que puede ser la palabra utilizada en cualquier escenario de la vida real.

Se ha descrito su poder positivo y negativo, dependiendo del contenido del discurso en lo que se ve y en lo que no se alcanza a ver sin la debida comprensión, pero, nada iguala el poder de la palabra utilizada para sembrar odio o para desparramar envidias.

El poder de la palabra utilizada para sembrar odio se presenta en una capacidad dual, es decir, que el lenguaje puede ser utilizado como arma para propagar la intolerancia y al mismo tiempo como herramienta esencial para erradicarla.

Existen narrativas que discriminan para deshumanizar a naciones enteras mediante estereotipos, argumentos que anulan la empatía y afectan negativamente la humanidad de las personas. Por esa razón, contra el odio y la envidia deben ser levantados los valores de la ética, porque el poder de la palabra debe cimentarse sobre la capacidad que se logre tener para desactivar odios y envidias mediante la transparencia de una verdad equilibrada, la proliferación de la gratitud y la predica de la mesura.

¡La clave está en contraatacar el resentimiento con claridad en lugar de con agresión!

La envida corroe el bienestar emocional y físico de quienes la padecen, porque ella va cegando a la gente que la sufre, levantando el sentido de superioridad y orgullo, impidiendo ver en otros como portador de cualidades positivas o superiores a las del envidioso. Por lo que acabamos de enfatizar, debemos actuar en contra del uso de la palabra en los aspectos negativos, porque la palabra debe utilizarse en un dialogo asertivo y sobre todo calmado, llevando las pausas necesarias frente a las malas intenciones.

Ese es el principio de la construcción de un escudo protector en contra del impacto negativo de la palabra, sumando declaraciones de reconocimiento y gratitud para neutralizar los vacíos existenciales del envidioso.

El odio es alimentado por carencias existenciales, al igual que la envidia, en tal razón las personas que buscan el bien vivir, para ser justas, tienen el deber de establecer con la palabra una distancia prudente frente a quienes conocen con esas prácticas insanas al espíritu.

Una persona que desee vivir en paz, debe alejarse de los individuos que disfrutan del sarcasmo y del desprecio a los demás.

Las personas que padecen del mal de la envidia, buscan utilizarlas como herramientas para quitar del medio a sus potenciales competencias, buscando invisibilizarlas e invalidarlas ante la óptica social.

Por Francisco Cruz Pascual

La entrada El impacto de la palabra en la sociedad se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

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