Hace algún tiempo afirmé que “hay un nuevo sheriff en el PRM”. La frase provocó reacciones, discusiones y terminó haciéndose viral. Hoy creo que debo actualizarla: ya el sheriff no es solamente del PRM. Hay un nuevo sheriff en el pueblo dominicano y se llama David Collado.
No lo planteo desde la emoción ni desde la simpatía personal, sino desde una lectura política de lo que está ocurriendo alrededor de su proyecto presidencial.
Las encuestas importan. Constituyen una fotografía indispensable del estado de la opinión pública y, hasta ahora, las mediciones conocidas han colocado consistentemente a Collado en una posición privilegiada.
Pero las campañas presidenciales atraviesan diferentes etapas. Llega un momento en que, además de observar las encuestas, hay que mirar hacia dónde se mueven los políticos.
Porque los políticos tienen un extraordinario instinto de supervivencia. Huelen el poder. Saben cuándo una candidatura crece, cuándo otra comienza a desinflarse y, sobre todo, cuándo está a punto de salir el último tren de la estación.
Eso es lo interesante de lo que está sucediendo.
El proyecto presidencial de David Collado exhibió recientemente el respaldo de 16 senadores, equivalente a la mitad de la matrícula del Senado. Alfredo Pacheco habló de alrededor de 100 diputados, dentro de una Cámara de Diputados compuesta por 190 legisladores. A ello se agregan más de 92 alcaldes y 116 directores de distritos municipales.
Los números son importantes. Pero los nombres dicen todavía más: Kelvin Cruz, Víctor D’Aza, Ulises Rodríguez y Jean Luis Rodríguez. También Eduardo Sanz Lovatón, a quien considero uno de los mejores operadores políticos de su generación: un dirigente con liderazgo nacional, capacidad de articulación y experiencia en gerencia de campañas.
Y está Alfredo Pacheco, probablemente el más poderoso articulador legislativo de las últimas décadas. Cuando un dirigente con su capacidad habla de alrededor de cien diputados vinculados a un proyecto presidencial, el dato no puede despacharse como una simple expresión de entusiasmo político.
A ese núcleo se agregan ahora Víctor Atallah, Julio Landrón, Mario Lama, Guillermo Lama y Juan Manuel Méndez. Eso comienza a parecerse menos a una suma de adhesiones individuales y más a la construcción de una coalición de poder.
He estado directamente involucrado en procesos electorales dominicanos desde el año 2000. He vivido, desde diferentes posiciones, las campañas de 2000, 2004, 2008, 2012, 2016, 2020 y 2024. Esa experiencia me ha enseñado que llega un momento en toda contienda en que la marea política comienza a empujar hacia un lado.
Y cuando la marea se mueve, hay que saber distinguir entre una ola pasajera y una corriente.
Lo que observo hoy alrededor de David Collado comienza a parecerse a lo segundo.
El poder se reorganiza antes de las elecciones
Las elecciones no comienzan el día en que la Junta Central Electoral abre los colegios electorales. Comienzan mucho antes, cuando el poder empieza a reorganizarse alrededor de alguien.
Mientras algunos todavía se preguntan quién quiere ser presidente, yo prefiero hacerme otra pregunta: ¿quién está logrando que dirigentes que tenían otros candidatos, otros proyectos o incluso aspiraciones propias comiencen a montarse en el suyo?
Una candidatura puede tener simpatizantes. Una candidatura fuerte tiene dirigentes. Pero una candidatura con verdadera vocación de poder comienza a tener algo todavía más importante: conversos.
Personas que ayer estaban con otro candidato. Dirigentes que tenían su propio proyecto. Figuras que permanecían esperando. Actores que observaban desde la distancia y que, de repente, comienzan a caminar hacia un mismo lugar.
Los políticos rara vez se suicidan colectivamente. Cuando una cantidad significativa de dirigentes comienza a desplazarse simultáneamente hacia una misma dirección, es posible que estén percibiendo algo que una parte de la ciudadanía todavía no ha terminado de advertir.
No se trata de proclamar elecciones ganadas dos años antes de celebrarse. La política dominicana ha demostrado demasiadas veces que puede cambiar rápidamente. Tampoco significa desconocer que dentro del PRM existen otros aspirantes, que deberá desarrollarse un proceso interno y que existen reglas institucionales que tendrán que cumplirse.
Pero ninguna de esas realidades impide hacer una lectura política.
Y mi lectura es esta: David Collado ha dejado de ser simplemente un aspirante presidencial competitivo para convertirse en el centro de gravedad de la sucesión de Luis Abinader.
Por eso considero que, políticamente, ya puede hablarse de él como el candidato presidencial virtual del PRM. No porque haya recibido formalmente esa condición, que no la tiene, sino porque una parte cada vez más importante de la estructura política comienza a comportarse como si esa posibilidad fuera la más probable.
La verdadera noticia, entonces, no es que fulano apoyó a Collado, que mengano se juramentó o que cinco nuevos dirigentes anunciaron su incorporación.
La noticia es mucho mayor: el sistema político interno del PRM está inclinándose hacia un lado.
En política existe un fenómeno que se repite constantemente: el poder atrae poder, la estructura atrae estructura y la percepción de victoria atrae dirigentes.
Cuando una candidatura comienza a proyectar viabilidad electoral, respaldo popular y fortaleza estructural simultáneamente, quienes permanecen fuera empiezan a enfrentar una decisión cada vez más difícil: mantenerse esperando o incorporarse antes de que el costo de entrada aumente.
Por eso la sucesión presidencial de 2028 comienza a entrar en una nueva etapa.
Todavía faltan casi dos años. Habrá acontecimientos económicos, sociales y políticos que podrán alterar el escenario. Habrá competencia interna. Habrá adversarios. Habrá campaña.
Pero el verdadero debate comienza a cambiar. Ya no consiste solamente en determinar quién quiere suceder a Luis Abinader. Consiste en identificar quién está logrando construir las condiciones políticas para hacerlo.
Hace algún tiempo dije:
“Hay un nuevo sheriff en el PRM”.
Hoy debo corregirme.
Me quedé corto.
Hay un nuevo sheriff en el país.
Y hoy, septiembre de 2026, asumo el riesgo que supone todo pronóstico político y dejo constancia de mi lectura:
hay un nuevo sheriff en el pueblo y se llama David Collado.
Porque cuando finalmente todo el mundo escuche las espuelas, quizás el sheriff ya haya entrado al pueblo.
Por: Virgilio Féliz
La entrada Hay un nuevo sheriff en el pueblo se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).