Escuchamos con mucha frecuencia a gente opinando sobre el tema de la soberanía de un país, planteando que se mide por la capacidad de defender sus fronteras, administrar su territorio o producir sus propios alimentos y energía. Pero ignoran que en este primer cuarto del siglo XXI existe una nueva dimensión de la soberanía que será cada vez más determinante. La soberanía digital.
En América Latina, y particularmente en la República Dominicana, todavía no parece que se esté realizando el esfuerzo necesario para construir esa capacidad. Mientras otras naciones invierten miles de millones de dólares en inteligencia artificial, centros de datos, semiconductores, supercomputación y formación de especialistas, nuestros países continúan siendo, fundamentalmente, consumidores de tecnologías desarrolladas fuera de nuestras fronteras.
Sin entender que el problema no es utilizar tecnología extranjera; el problema es depender exclusivamente de ella.
Hoy en día, toda la inteligencia artificial que utilizamos proviene de empresas vinculadas a dos grandes centros de poder tecnológico. Estados Unidos y China. Una concentración de este tipo debería hacernos reflexionar. ¿qué ocurriría si, por razones económicas, comerciales, políticas o geopolíticas, alguno de estos países decidiera limitarnos el acceso a determinadas tecnologías?
Una situación con estas características no necesariamente ocurrirá. De lo que se trata es de reconocer que es una posibilidad que un Estado responsable debe considerar.
La inteligencia artificial actualmente se está convirtiendo en una tecnología estratégica, comparable en importancia con la energía, las telecomunicaciones y otras infraestructuras esenciales. Por eso, los países como la República Dominicana deben fortalecer su posición en el sector tecnológico y desarrollar capacidades propias.
Esto significa que los gobiernos deben invertir en infraestructura, ampliar y construir centros de procesamiento de datos, desarrollar capacidad de supercomputación, fortalecer las redes de telecomunicaciones y crear condiciones para que investigadores y empresas puedan entrenar y desarrollar modelos de inteligencia artificial dentro de nuestros propios territorios.
También significa formar recursos humanos. No podemos pretender soberanía digital comprando equipos mientras nuestros profesionales solamente saben utilizarlos. Necesitamos ingenieros, programadores, científicos de datos, especialistas en inteligencia artificial, técnicos en centros de datos y profesionales capaces de desarrollar y mantener estas tecnologías.
Una alternativa que merece ser estudiada es la creación de zonas francas tecnológicas especializadas en centros de datos, inteligencia artificial y desarrollo de software. Estas zonas podrían ofrecer incentivos fiscales y condiciones especiales para atraer inversión, pero con una condición fundamental. Que una parte del conocimiento, la formación, la investigación, el desarrollo tecnológico y la infraestructura permanezca en el país.
Brasil acaba de ofrecer un ejemplo que merece nuestra atención. Su gobierno anunció inversiones por unos 2300 millones de reales para fortalecer su infraestructura de inteligencia artificial. El plan contempla un supercomputador de gran capacidad y una segunda infraestructura desarrollada con la empresa china Huawei. También se prevé transferencia tecnológica, formación de profesionales y desarrollo de modelos de IA en portugués.
Lo interesante de la estrategia brasileña no es simplemente comprar supercomputadores. Es intentar crear capacidad nacional para investigar, entrenar modelos, desarrollar aplicaciones y reducir la dependencia de infraestructura ubicada en el exterior.
La República Dominicana debería comenzar a discutir seriamente una estrategia similar, adaptada naturalmente a nuestra escala y posibilidades. No necesitamos competir inmediatamente con Estados Unidos, China o Brasil. Necesitamos comenzar a construir nuestras propias capacidades.
La soberanía digital no significa producir absolutamente todo dentro del país. Significa tener suficientes capacidades propias para no quedar completamente subordinados a decisiones tecnológicas tomadas en otros lugares.
Si los países de América Latina, entre ellos la República Dominicana, no actúan ahora, puede ocurrir que la nueva economía digital se construya nuevamente con nosotros como consumidores y no como participantes. Y cuando la inteligencia artificial sea todavía más determinante para la economía, la educación, la seguridad y los servicios públicos, depender exclusivamente de proveedores extranjeros puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica.
La soberanía digital hay que empezar a construirla. Ya.
Por: Derby González.
La entrada La República Dominicana sin soberanía digital se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).