Es claro que sin reglas no hay sosiego. Y, además, los riesgos se amplían y se multiplican. Cuando así operamos en todos los ámbitos la ley del más fuerte no sólo predomina, atropella.
El liberalismo económico ha quedado profundamente afectado por la guerra de aranceles, iniciada por el gobierno de los Estados Unidos y reaccionada por algunos otros países, como China y Canadá.
También hay que decir que malas prácticas de comercio han conducido a todo esto. Modalidades evasivas que alteran la competencia de los mercados.
Y como siempre, a los países pequeños es a quienes peor le va. Como en nuestro caso, República Dominicana, cuyo diálogo ha iniciado sobre los aranceles con los estadounidenses.
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